Cuando el apellido pesa en la política
El poderío familiar de Alberto Rodríguez Saa en San Luis
La dinastía puntana se mantiene vigente desde el siglo XIX, y de la mano de Alberto, aspira recrear el modelo de gestión de su provincia a nivel nacional.

por Nicolás Generoso
El gobernador de San Luis y candidato a presidente por la Alianza Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá, forma parte de una de las familias más antiguas y poderosas, que data desde el siglo XIX y gobierna casi ininterrumpidamente su provincia, desde 1860.
 El cargo de gobernador fue ocupado en total 9 veces a lo largo de la historia por distintos Rodríguez Saá. Desde 1935 hasta 1983, la familia estuvo alejada del poder y el último que ocupó ese cargo fue Ricardo Rodríguez Saá, tatarabuelo de Alberto, en 1934.
 Con el regreso de la democracia, en 1983, Alberto y su hermano, el senador nacional Adolfo Rodríguez Saa, se mantienen al frente de la gobernación de San Luis con un régimen casi feudal vigente en pleno siglo XXI.
 Adolfo ejerció durante cinco períodos consecutivos la gobernación de la provincia entre 1983 y 2001, logró ser indefinidamente reelecto gracias a una reforma constitucional en 1987. En 2001 renunció a su cargo por haber sido designado Presidente Provisional de la Argentina por la Asamblea legislativa.
 Alberto Rodríguez Saá fue senador nacional desde 1983 hasta 1994. Entre 1989 y 1993 fue Presidente del bloque justicialista del Senado nacional, y en diciembre de 2003 ganó la gobernación de San Luis, y fue reelecto en 2007.
 Una de las estrategias de campaña presidencial de Alberto, con el objetivo cosechar votos en otras regiones, consistió en replicar el modelo de gestión de San Luis a nivel nacional. Los argumentos que expone son la transparencia, la eficacia y la popularidad de su mandato.
 Alberto argumentó al diario El Mundo, de España, que “en San Luis el presupuesto no se maneja como el botín de una banda de corsarios. Es un presupuesto participativo que se reparte de acuerdo con los criterios de las organizaciones civiles, que también lo fiscalizan”.
 Y agregó: “Se trata de un presupuesto pequeño, de mil millones de dólares, que lo dividimos asignando un 50 por ciento a inversiones en infraestructura, rutas y escuelas, y la otra mitad a gastos corrientes. Es increíble lo que rinde el dinero cuando se administra a conciencia”.
San Luis no es el único caso con este tipo de dinastía política, históricamente también lo vivieron otras provincias como: Neuquén con los Sapag, San Juan con los Bravo, Salta con los Romero, Santiago del Estero con los Juárez, y Catamarca con los Saadi.

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